sábado, 29 de mayo de 2010

Te cuento un cuento (V)


Nuestra historia es rara, convengamos.Hasta el 9 de Julio de 1816, cuando realmente dijimos ser independientes, previa carajeada de San Martin para que los congresales de Tucuman se dejaran de boludear y dijeran las cosas por su nombre, jurábamos sumisión a Fernando VII.Y esta ¿falsedad?, unida a la oposición de todos los cabildos del interior al proceso independentista (de lo cual parecen muchos hacerse los giles), no podía menos que tener algo confundidos a muchos pobladores.
Y yo entiendo a los patriotas de entonces; Castelli, Moreno, andaban entreverados con Saavedra, Alberti, Azcuenaga y muchos otros que les faltaba un pelito para traidores y tenían que manejar la cosa, así como ahora los K andan entreverados con... bueno, con casi todos los demás, que dicen ser lo mismo pero ¡Mamita!.
Así que como los K, debían hacer lo que podían, no lo que querían.
Este cuento trata algo de eso, de que quizás hay mucho mas que una historia.
¡Y que viva la Patria, aunque otros perezcan!..... ¿Qué, no era así?

MEMORIAS DE GUERRA
Moromoro, 27 de Enero de 1811 Parte de batalla
Al Sr. Coronel A. González Balcarce, jefe del ejército expedicionario al Alto Perú.
¡Gloria y honor para las armas de la libertad! En la mañana de este glorioso día, habiéndome enterado por las avanzadas que dispuse que los godos intentaban sorprender nuestras posiciones, ordené las tropas a mi mando en formación de combate en la quebrada de La Palca, colocando a la derecha la 5a compañía de pardos y morenos, a la izquierda a la 1a de fusileros y al centro a la 2a de voluntarios del norte, dejando en la reserva a la 4a de húsares para apoyar con la caballería cuando fuera menester.
A las ocho de la mañana tomamos contacto con el enemigo, batiéndose nuestras tuerzas con admirable denuedo, pese a lo cual y por la enorme superioridad en hombres y potencial de fuego la 2a de voluntarios fue rodeada y perdió contacto con el ala derecha de mis efectivos.Ordené acudir en su apoyo a la caballería con lo que rompimos por el centro la formación de los maturrangos y los pusimos en fuga en total derrota, persiguiéndolos hasta la población de Samaipata, donde el oficial español aguardaba con su poderosa reserva.
La confusión en el campamento enemigo fue total, sobre todo cuando un grupo de nuestros bravos llegó hasta el Jefe enemigo, Mayor General Itarburu, y en una heroica acometida a sable y lanza le dio muerte pese a que era defendido por lo mas granado de sus tropas, en una acción que a no dudarlo quedará en la historia como un ejemplo de heroísmo y abnegación por los ideales de la libertad.
Perseguimos al los godos hasta Moromoro, desde donde escribo este parte, habiéndoles secuestrado todo su parque, numerosos fusiles y una pieza de artillería de a cuatro, que servirá desde ahora a la elevada causa ae la libertad y la defensa de nuestro Rey, S.M. Fernando VII
Recomiendo por su valor y heroísmo al soldado voluntario de la 2a compañía, Visitación Venavidez, que encabezó el ataque final a la posición del impío Itarburu. ¡Gloria y loor a los vencedores de Samaipata!
Capitán R. Antesana. 3a División del ejército expedicionario al Alto Perú.

Altos de Moromoro, 27 de Enero de 1811 Parte de combate
de J. de Córdova y Nieto, Mayor del ejército de S.M. el Rey de España, nuestro Señor Dn Fernando VIl, al Sr. Brigadier Goyeneche, Jefe del ejército auxiliar al Alto Perú.
En la mañana de este glorioso día para las armas de su majestad sorprendí con las fuerzas a mi mando a un poderoso
contingente de insurrectos en la cercanías de Samaípata que avanzaban por la quebrada de La Palca ignorantes por completo del dispositivo militar que yo tenía dispuesto para la defensa de esa población.
Habiendo ordenado el ataque por el centro a la compañía de Infernales del Rey, rápidamente desbarataron el centro de la fuerza facciosa y la separaron del grueso de su tropa poniéndola en vergonzosa fuga.
Un contraataque que el jefe enemigo intentó con su nutrida fuerza de caballería, de conocida ferocidad por el temperamento salvaje e inhumano de los pueblos de estas latitudes, fue respondido por mi con el desplazamiento al centro del contingente de naturales que combaten para Su Magestad y que provocaron tal daño en esos efectivos que me atrevo a afirmar que ya no cuentan con fuerzas de a caballo.
Una vez logrado el objetivo me volví contra el cuerpo de ejército que se encontraba en fuga a nuestras espaldas, persiguiéndolos hasta Samaipata con grandes daños para los mismos y trabando combate en esa población, a la que llegaba en ese momento nuestro comandante Mayor General V. Itarburu con su escuadrón de escolta, presto para reforzar a nuestras fuerzas en combate si resultaba necesario.
Debemos lamentar la dolorosa pérdida de nuestro jefe que, rodeado cirscunstancialmente por tropa enemiga resultó muerto no sin antes haber sembrado el campo de cadáveres de enemigos del Rey, en un alarde de valentía y honor militar que sobrecoge el espíritu y nos obliga a luchar con mas denuedo, si eso cabe, para acabar con los malévolos agentes de Napoleón y el Anticristo.
Una vez asegurada la plaza continuamos la persecución hasta esta población de Moromoro donde hemos puesto sitio a las desmoralizadas fuerzas contrarias a las que esperamos exterminar para gloria de Cristo y de nuestro muy amado señor, S.M. Fernando VIl.
Le hemos tomado ai enemigo gran cantidad de armamento sin graves pérdidas de nuestra parte, a no ser un cañón que debimos abandonar por haberse enterrado en los guadales que rodean el glorioso sitio de nuestra victoria. ¡Gloria a los vencedores de Samaipata! ¡Gloria a nuestro Sr. Fernando VII !

Moromoro, 27 de Enero de 1811
Dña Prudencia Villalobos de Venabidez. Parroquia de Coiruro. Marquesado de Yavi
Mi muy estimada esposa:
Te mando ésta para que sepas que me encuentro bien y espero estar de vuelta en poco tiempo mas.
Desde que me apresaron como voluntario del ejército expedicionario no he podido escribirte porque nos tienen muy vigilados, sacándonos los grillos solo cuando se aproxima un combate. Ésta mañana, finalmente, decidimos desertar en masa aprovechando que estabamos (los casi setenta voluntarios) encomendados al batallón de pardos y morenos, que festejaron a su señora Yemanya hasta la madrugada y estaban totalmente borrachos, asi que al amanecer disparamos por una quebrada sin saber en realidad hacia donde íbamos.
Apenas nos habíamos alejado unas cien varas cuando el alboroto en el campamento nos indicó que habían descubierto la fuga, asi que empezamos a correr como poseídos. Quiso Dios que hubiéramos tomado algunos fusiles de los pardos al huir, porque caso contrario no estaría contándolo ahora. Los morenitos salieron a los tiros tras nosotros, pero estaban en muy mal estado, asi que les sacamos buena diferencia, gracias a Dios, porque tu sabes que son gente siempre muy dispuesta a matar blancos, lo que quisás asi dispuso el Señor como castigo a tanto mal que les hemos hecho. Pero no debían ser pocas nuestras penurias y a la vuelta de un recodo nos dimos de boca con una buena cantidad de soldados españoles ( mas luego vendríamos a descubrir que muchos de ellos eran tan criollos como nosotros) y eso se convirtió en un pandemónium.
En resumen, que quedamos varios de los nuestros tendidos y les tumbamos varios nosotros también y todos corríamos de aquí para allá sin orden ni concierto tratando de salvar el pellejo, hasta que se escuchó el retumbar de la caballería que entraba en la quebrada, mandada por el capitán Antesana (tu recordarás, el que me alzó en Coiruro) tras nosotros, vista la incompetencia de los pardos.
Los españoles entraron en pánico y comenzaron a huir corriendo como poseídos, suponiendo que todo era una emboscada propia del genio militar.
Nosotros también entramos en pánico, porque sí sabíamos de que se trataba y conocíamos bien la ferocidad de los gauchos, que ahorrarían el trámite de un consejo de guerra degollándonos sin mas, pues eso es lo que les gusta y por lo que pelean.
Asi que de pronto corríamos codo a codo amigos y enemigos a todo lo que nuestras piernas daban, porque nadie tenía tiempo ni ánimo de preguntar que era lo que pasaba. Pero bien dicen que el Señor aprieta pero no ahorca (no sé si lo dicen como lisonja o como crítica, porque suena a sádico) y en eso desde ambos flancos de la quebrada, que es en ese punto mas bien un desfiladero por lo angosta, comenzó a caer una lluvia de flechas y piedras de honda sobre los jinetes que ya nos alcanzaban (y a decir verdad sobre nosotros tambien, al punto que varios entregaron allí su alma).
Supimos después que fueron indios del cacique Chairiri, que habían peleado para Goyeneche hasta que los alzados les mataron a su jefe y desde entonces abrieron su propio negocio, matando con igual placer a criollos o a españoles y robando por igual a ambos partidos.
Cuando creímos estar suficientemente lejos paramos a tomar resuello entreverados y sin rencor los que poco antes nos matábamos y vinimos a enterarnos que ellos también estaban desertando.
Todos pensábamos en lo mismo, el maíz sin cosechar, los rebaños sin pastar, las familias solas. Y dos ejércitos mandando a matar y a morir por lo mismo, el Rey Don Fernando VII. Alguno mentía, o los dos mentían.
Decidimos seguir hacia Samaipata, donde según los españoles-criollos, que la habían dejado atrás, no había tropas. Cuando llegamos entramos en la casa del Regidor, buscando refugio o consejo, sin saber muy bien que hacer. No bien transpusimos el portón del patio nos recibió una descarga de fusilería que dejó varios muertos tendidos al sol de la mañana, mientras los indemnes nos refugiábamos tras el muro y comenzábamos a responder al fuego.
Algunos rodearon la casa siguiendo el tapial de adobe blanqueado y entraron por detrás. Se escuchó un feroz tumulto y mientras veíamos salir huyendo por un costado una buena cantidad de realistas, como les dicen algunos, casi todos ganamos el interior de la espaciosa casa. Oculto en un ropero encontramos al corregidor y bajo la cama ¡Vaya sorpresa! al mismísimo mayor general Iturburu, jefe de todas las tropas de Goyeneche que operaban en ia zona.
Fue tal la indignación de los soldados del adversario que habían unido su suerte a nosotros, que no pudimos evitar que lo destrozaran a bayonetazos y tiros, con una ferocidad tal que yo quedé completamente conturbado en medio de ese espantoso baño de sangre y restos humanos. No me di cuenta que todos se iban y solo recobré la noción de las cosas mucho después, cuando las tropas del Capitán Antezana entraron en la casa.
Ful esposado y seguí el avance de las tropas hasta este pueblo de Moromoro en una carreta con otros apresados, pensando que habla llegado mi hora.
No encontramos ninguna resistencia en todo el camino y según escuché los godos están desparramados por las alturas que circundan este pueblo, en total estado de desorganización.
Ya bien entrada ia tarde se apersonó a mi celda el capitán y después de mirarme torvamente por un largo rato me comunicó que por el bien de la patria ( yo creo que es por el suyo) se ignoraría mí deshonrosa deserción, se me condecoraría como héroe de Samaipata y se me daría la baja para evitar mi perniciosa presencia en este ejército. Asi que ya ves, todo terminó con bien y en pocos días mas viajaré para allí. Te quiere: Firmado Visitación Venabidez.

Nota: El soldado de la 2a Compañía de Voluntarios del Norte y héroe de la independencia Visitación Venabidez fue muerto en las cercanías de Moromoro el 29 de Enero de 1811, cuando retornaba a la aldea de Coiruro. Probablemente a manos de soldados españoles.

4 comentarios:

manuel el coronel dijo...

Que buen post cro. 68!

Por qué me perdí su faceta en ficción?

68 y contando dijo...

Don Coronel: dije que no responderé los comentarios, pero como usted me acaricia el ego le doy las gracias

Anónimo dijo...

Sin palabras 68. Este cuento es excelente. Que tal una novela historica para animar nuestras tardes domingueras? Quedo a la espera. SP

ricardo j. m. dijo...

muy bueno don 68,tanto este como el del talon del quini.

un abrazo