martes, 1 de diciembre de 2009

Borges, con perdón de la palabra

Desprecio a Borges por su ideología, y ese desprecio me impidió en mi juventud apreciar sus valores literarios. El remanso del tiempo me ha permitido hacerlo y para variar, tengo un concepto a contramano de lo que usualmente escucho:No me gustan sus cuentos, recargados de términos innecesariamente eruditos, de frases en idiomas extranjeros (inglés sobre todo, pero no unicamente), cosas éstas que anulan o empañan(para mí) el atractivo de sus historias.
En cambio me apasiona su poesía, que aparte del verbo en sí mismo parece provenir de otro hombre, de un Borges querible.
Aquí va una, no la mejor, pero también excelsa a mi humilde entender:

Patria

Nadie es la patria, nadie.
Ni siquiera el jinete
que, alto en el alba
de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce
por el tiempo.

Ni los otros que miran
desde el mármol,
ni los que prodigaron
su bélica ceniza
por los campos de américa.

O dejaron un verso
o una hazaña, o la memoria
de una vida cabal,
en el justo ejercicio de los días.

Nadie es la patria, nadie,
ni siquiera los símbolos.
Nadie es la patria,
ni siquiera el tiempo

cargado de batallas,
de espadas y de éxodos
y la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,

y de rostros, que van envejeciendo
en los espejos que se empañan,
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba.

Y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.
La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo

(si el Eterno espectador
dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y negro relámpago de olvido)

Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros,
de ser lo que ignoraban: argentinos,

de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones.
La justificación de aquellos muertos;

nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.
Nadie es la patria, pero todos lo somos.

Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.

1 comentario:

Jorge B. dijo...

Llegué tarde a la lectura del post pero quisiera que me aclare un poco la liviandad de su crítica. En particular su máxima "innecesariamente eruditos"

Me parece que no leíste ni el Libro de Arena, ni el Informe de Brodie -algo asee-, donde claramente se aleja del estilo barroco predominante en el Aleph. Muuuuy recomendables los primeros!!!

Y con respecto a la ideología de Borges me parece que se sabe muy poco. Personalmente coincido con la frase, quizás más resonante, "La democracia es un abuso de la estadística" aunque de hecho, las opiniones son efímeras, como el también se jactó en afirmar.

Cortázar también mete esas frases en inglés, frances y eso para nada entorpece elplacer que genera la lectura de sus cuentos, en fin, cuestiones netamente de apreciación individual.

Saludos, bueno bueno el blog, che!